domingo, 17 de abril de 2016

Cuando me dicen que duermo mucho
yo pienso que quizás tengan razón, 
pero después me acuerdo del mundo de mierda en que vivimos
y se me pasa. 


domingo, 13 de marzo de 2016

Lo lindo de la vida

El sol de la mañana
el encuentro entre mates
después unas galletitas
y a veces un poco de té.
Una ronda
un me escuchás,
un te escucho,
un nos escuchamos.
Las asambleas de muchxs
las sonrisas de todxs
la pregunta colectiva
el esfuerzo
las ganas compañeras
y la certeza de que esta vez…
Un picnic
un descanso entre árboles
la alegría de sabernos avanzando
cada vez un poquito más,
bien desde abajo
y con lxs niñxs.
La hermosura de las convicciones,
de los planteos, replanteos y súper planteos
y de la ganas de un mundo más justo.
Las risas que nos encuentran
compañeras/hermanas
de las luchas y de los sueños.
La necesidad de escribir algunas líneas
no saber muy bien qué decir
y recordar que Cortázar siempre tuvo la posta
y que ninguna palabra va alcanzar
si lo que hay que decir desborda el alma
(qué suerte que, para eso, existen los 
abrazos)

viernes, 19 de febrero de 2016

Cómo ahogarse en un vaso de agua
podría llamarse la novela
y contar la historia de mi vida. 

martes, 9 de febrero de 2016

Te dije que no me iba a enroscar de más
si te lo dije
(¿o no?),
que no importaba con quien más compartías la penumbra de tu habitación
que no quería saberlo, que confiaba en la infinitud de tu amor. 
Te convencí
si 
de que los besos que me dabas alcanzaban 
y sobraban. 
Te mostré que las conversaciones sobre un futuro no tan lejano
no serían necesarias
que 'tenía que fluir'
que estaba bien así. 
Te presumí 
varias veces
que estaba todo bien
que podíamos seguir jugando al olvido 
y llamarnos al silencio
cuando la intimidad y la confianza 
nos encontraran demasiado cerca,
al menos por un tiempo más. 
Pero 
ahora
si querés 
si te interesa
pero si querés, obvio,
digo que 
si no te importa (o si te importa) 
si no te molesta
podés olvidarte de todo lo que te dije
convencí
demostré
y presumí,
y ponerle nombre a las cosas
y sacarme esta bola de desconcierto y angustia
que tiene tu nombre
y no me deja en paz.  

domingo, 31 de enero de 2016

Porque todavía tenemos que pedir por favor, perdón y gracias 
como si todavía y demasiado firme
nuestra existencia dependiera pura y exclusivamente de un otro
con o 
bien varón, macho, fuerte, guerrero y atroz.

Porque muchas (demasiadas) de nuestras vidas
han sido marcadas por fuego, con o, 
fuego que desgarra, quema, tortura y mutila.
Fuego de varones
juego de muchos 
como siempre 
como todo.

Porque, aún,
nuestras lágrimas brotan de la injusticia, de la angustia
de la soledad y de la desolación. 
De una humillación que nos impusieron
sólo por ser lo que no debíamos ser. 

Porque te das cuenta que somos bastantes
muchas... demasiadas
las olvidadas, negadas, invisibilizadas
atormentadas y arrojadas
al mar de lo escrito
con sangre de mujeres
de las de hoy 
de las que vinieron antes
y de las que vendrán después. 

Porque, aún y pese a todo, 
la vida (nos) guarda rincones
llenos de charlas, abrazos, luchas, sueños y utopías
de las que llevamos otro mundo en nuestros corazones
y elegimos compartirnos,(re)encontrarnos y permitirnos
sentir-nos
desear-nos
hacer-nos
cada día más libres. 




sábado, 12 de septiembre de 2015

Las lágrimas que nos unen.
Lágrimas de miedo, de angustia, de bronca, de impotencia, de dolor.
Lágrimas que nos descubren dimensionando lo que tenemos enfrente: un gran monstruo impune y corrupto (entre tantos) disfrazado de legalidad, investido de poder por un sistema que decide que algunas vidas valgan más que otras.
Y que las que no valen, mueran.
Lágrimas de saber que “merecía vivir",
de saber que aun falta mucho, y que la lucha es larga,
y que recién empieza.


Y después (y sobre todo), el abrazo.
El abrazo que sostiene, que acompaña.
El abrazo que nos acerca, que nos hace fuertes,
que nos hace decir “pucha, que vale la pena”.
Que nos hace sentir vivas, conscientes.
El abrazo que dibuja amor, cariño, compañerismo, amistad. O es que el amor, el cariño, el compañerismo y la amistad juegan a disfrazarse de abrazo por un rato.
Abrazo de mujer a mujer,
de compañera a compañera,
con los puños en alto
y los ovarios bien puestos.
(Si de eso sabrás vos…)

Y de fondo,
la gorra de un rati prendiéndose fuego
y un niño que guarda en sus bolsillos las fotos de sus amigos muertos
porque no tiene otras
y quiere llevarlas al barrio y ponérselas al Gauchito.

Y así, todos nuestros actos,
toda nuestra lucha,
las horas de idas y vueltas, de talleres, jornadas y reuniones
adquieren más sentido que nunca
y nos volvemos más mariposas que siempre,
queriendo(nos) ser libres
luchando, denunciando, combatiendo.
Buscando transformar todo aquello que deba ser transformado.

martes, 21 de julio de 2015

Ella sabía que no todo lo que relucía era oro. Sin embargo, lustraba ese metal una y otra vez intentando que las cosas cambiaran, buscando que el brillo apareciera. Sabía que estaba esperando algo que jamás iba a suceder. Sólo esperaba porque no podía creer que ese amor tan sentido y real que le  recorría cada centímetro del cuerpo y del alma, no fuera compartido, no alcanzara para derribar los muros de la diferencia que a cada momento la alejaban más y más de él. No podía (o no quería) comprender, aunque lo intentara, por qué las cosas no estaban saliendo como ella quería, aún cuando las palabras que salían de la boca de él aparentaban andar construyendo los mismos senderos. 
Ella sabía que él la quería, que incluso había llegado a amarla. Pero eso no impedía que su orgullo y su indiferencia hicieran estragos en su relación. Él sabía que los besos que se repartían entre las sábanas eran placebos para curar por momentos las discordias que constantemente inundaban la habitación que compartían. Ella sabía además, que él sabía que esos besos la desarmaban y que lo aprovechaba a favor de su egoísta y orgullosa soledad. Él sabía que ella intentaba ocultarlo y le seguía el juego. 
Ella lo miraba a los ojos buscando eso oculto que le diera una certeza, o al menos una pista de lo que estaba sucediendo en ese pobre y triste corazón. Pero no la encontraba y el brillo de los ojos de su compañero la encandilaba y la obligaba a perderse entre los universos de besos y licores que él tanto animaba y que le arremolinaban las hormonas y las ganas de seguir construyendo.  
Y así, continuaban en un mientras tanto eterno, que en un abrir y cerrar de ojos, algún día, iba a desaparecer.