Si me pidieras que te cuente algo sobre mí
yo te contaría tres cosas:
Que me gusta mucho dormir
y me cuesta mucho madrugar,
que puedo dormir muchas horas
pero que cuánto mas duermo mas sueño me da.
Que disfruto echarme al sol
y sentir como me abraza su calor
pero a veces me olvido de usar protector solar
y después la paso un poco mal.
Que me gusta saber
de todo un poco, de esto no tanto
de aquello quizás un poco más,
que me gusta tener respuestas para todo
y que me cuesta aceptar que no siempre están.
En resumen, te contaría:
que soy un constante movimiento
mujer impulso vital,
un batallar
entre un ahora y un después
que disputan su eternidad.
Y que soy
-y seguiré siendo-
sencillamente
el resultado aproximado
transitorio pero real
entro lo que puedo y lo que quiero
entro lo que quiero y lo que espero
entre lo que espero y lo que deseo
entre lo que deseo y lo que temo.
domingo, 25 de junio de 2017
domingo, 23 de abril de 2017
Hubo una vez en que te pusiste una máscara y ya no te la pudiste sacar más. ¿Cuándo fue? ¿Te acordás?
¿Y ahora, detrás de todo eso que hay? ¿Hay risas, abrazos, felicidad? ¿Hay dolor, angustia, soledad?
¿Quién sos? ¿Quién querés ser? ¿Te lo preguntaste alguna vez?
Las preguntas te carcomen. Te enredan, te confunden, te obligan al silencio. Y no hay peor silencio que el que te obliga a gritar. Pero gritás y nadie te escucha porque hubo una vez en que te pusiste una máscara y ya no te la pudiste sacar más.
¿Qué escondes? ¿Caricias que no diste por miedo? ¿Bailes que no danzaste por vergüenza? ¿Abrazos que no diste por no confiar?
¿Qué ven tus ojos? ¿Qué imagen te devuelve el espejo? ¿La ves?
Esa sonrisa desfachatada, esos pómulos marcados, esos huecos a los lados de tu boca que solo aparecen cuando reís. ¿Acaso no era la hermosura de tu simpleza?
De qué te sirvió la profundidad si nunca hubo un mar donde bucear.
De qué te sirvió el misterio, si la respuesta sólo demostró tu corbadía.
De qué te sirvieron los sueños y las utopías si tu coherencia nunca tuvo lugar.
De qué te sirvió el calor de los abrazos, si tu corazón nunca aprendió a sangrar.
¿Dónde quedaron la belleza de tus actos, la tenacidad de tus ganas?
Y estas palabras que siguen recorriendo túneles sin salida, buscando respuestas que nunca van a llegar.
Una vez citaste a Cortázar porque realmente creías que unx no elige de quien se enamora. ¿De qué te sirvió hablar de amor? ¿Y cómo no ver tu hipocresía?
Si vos no sabés lo que es el amor.
Ni siquiera lo merecés.
¿Qué esperás? ¿Qué deseas?
Si vos no sabés lo que es la libertad.
Ni siquiera la merecés.
Hubo una vez en que te pusiste una máscara y ya no te la pudiste sacar más.
(Que garrón para vos
¿Y ahora, detrás de todo eso que hay? ¿Hay risas, abrazos, felicidad? ¿Hay dolor, angustia, soledad?
¿Quién sos? ¿Quién querés ser? ¿Te lo preguntaste alguna vez?
Las preguntas te carcomen. Te enredan, te confunden, te obligan al silencio. Y no hay peor silencio que el que te obliga a gritar. Pero gritás y nadie te escucha porque hubo una vez en que te pusiste una máscara y ya no te la pudiste sacar más.
¿Qué escondes? ¿Caricias que no diste por miedo? ¿Bailes que no danzaste por vergüenza? ¿Abrazos que no diste por no confiar?
¿Qué ven tus ojos? ¿Qué imagen te devuelve el espejo? ¿La ves?
Esa sonrisa desfachatada, esos pómulos marcados, esos huecos a los lados de tu boca que solo aparecen cuando reís. ¿Acaso no era la hermosura de tu simpleza?
De qué te sirvió la profundidad si nunca hubo un mar donde bucear.
De qué te sirvió el misterio, si la respuesta sólo demostró tu corbadía.
De qué te sirvieron los sueños y las utopías si tu coherencia nunca tuvo lugar.
De qué te sirvió el calor de los abrazos, si tu corazón nunca aprendió a sangrar.
¿Dónde quedaron la belleza de tus actos, la tenacidad de tus ganas?
Y estas palabras que siguen recorriendo túneles sin salida, buscando respuestas que nunca van a llegar.
Una vez citaste a Cortázar porque realmente creías que unx no elige de quien se enamora. ¿De qué te sirvió hablar de amor? ¿Y cómo no ver tu hipocresía?
Si vos no sabés lo que es el amor.
Ni siquiera lo merecés.
¿Qué esperás? ¿Qué deseas?
Si vos no sabés lo que es la libertad.
Ni siquiera la merecés.
Hubo una vez en que te pusiste una máscara y ya no te la pudiste sacar más.
(Que garrón para vos
lunes, 9 de enero de 2017
domingo, 18 de septiembre de 2016
lunes, 25 de julio de 2016
Todo lo que nunca vas a saber
Yo se bien que vos
no te morís por mi
(¡y por supuesto que está bien así!)
y no se, siquiera
si en verdad a veces
me recordás
me extrañás
o si al menos, de vez en cuando
me deseás.
No se tampoco que pensás
(ni quiero saberlo)
todas esas mañanas siguientes
cuando me abrazás y te vas
y yo me quedo
pensando
cuando será el próximo momento adecuado
-para vos -
porque resulta que para mí suele serlo a menudo
en que me atreva a pedirte, otra vez,
que me invites a un helado
a una birra
o a que compartamos la soledad de tu cuarto
y a que, por si acaso, callemos entre gemidos
lo que nunca, pero nunca,
nos atrevimos a decir.
Y aunque yo estoy bien segura
de que no muero en vos
ni por vos
que todo amanecer trae consigo un motivo para reír
y que toda luna con vos para mi está bien;
igual quisiera que sepas
pero sólo que sepas
por si acaso algún día te interesa:
Que te pienso
te extraño
te deseo
y te espero sin desesperar.
Que me encanta dormir entre tus brazos
y apoyar mi cabeza en tu pecho,
acariciarte el pelo
o cualquier otra parte de tu cuerpo que sea de tu preferencia.
Que me gusta verte dormir a mi lado
gozar con vos
en vos
que me goces
gozarte
o que es lo mismo, sentirnos cerca.
Que -por si aun no te diste cuenta-
sos para mí
una fuente inagotable de placeres
y que creo que es un buen plan
entregarme y perderme en ellos
por completo
de vez en cuando.
Que me gusta tu risa
y que me hagas reír
(y el misterio de cómo hacés para lograrlo siempre)
que tus silencios me conmueven y desesperan por partes iguales
y que tu mirada me reconforta,
excepto cuando me descubrís
contemplando la belleza de tu simpleza
(porque eso me da mucha vergüenza)
Que me alegra haberte cruzado
que me gusta ver y tocar tu piel
y también
cómo disimulás todo lo que sabés
y cómo yo simulo que no lo sé.
Y que te pido perdón
porque se que te incomoda
que te diga lo mucho que me gustás
y todo lo bien que me lo hacés pasar.
Pero resulta que me parece injusto
guardarme sólo para mí
y no hacerte saber
las razones de tu lindura
y sus consecuencias en mí.
no te morís por mi
(¡y por supuesto que está bien así!)
y no se, siquiera
si en verdad a veces
me recordás
me extrañás
o si al menos, de vez en cuando
me deseás.
No se tampoco que pensás
(ni quiero saberlo)
todas esas mañanas siguientes
cuando me abrazás y te vas
y yo me quedo
pensando
cuando será el próximo momento adecuado
-para vos -
porque resulta que para mí suele serlo a menudo
en que me atreva a pedirte, otra vez,
que me invites a un helado
a una birra
o a que compartamos la soledad de tu cuarto
y a que, por si acaso, callemos entre gemidos
lo que nunca, pero nunca,
nos atrevimos a decir.
Y aunque yo estoy bien segura
de que no muero en vos
ni por vos
que todo amanecer trae consigo un motivo para reír
y que toda luna con vos para mi está bien;
igual quisiera que sepas
pero sólo que sepas
por si acaso algún día te interesa:
Que te pienso
te extraño
te deseo
y te espero sin desesperar.
Que me encanta dormir entre tus brazos
y apoyar mi cabeza en tu pecho,
acariciarte el pelo
o cualquier otra parte de tu cuerpo que sea de tu preferencia.
Que me gusta verte dormir a mi lado
gozar con vos
en vos
que me goces
gozarte
o que es lo mismo, sentirnos cerca.
Que -por si aun no te diste cuenta-
sos para mí
una fuente inagotable de placeres
y que creo que es un buen plan
entregarme y perderme en ellos
por completo
de vez en cuando.
Que me gusta tu risa
y que me hagas reír
(y el misterio de cómo hacés para lograrlo siempre)
que tus silencios me conmueven y desesperan por partes iguales
y que tu mirada me reconforta,
excepto cuando me descubrís
contemplando la belleza de tu simpleza
(porque eso me da mucha vergüenza)
Que me alegra haberte cruzado
que me gusta ver y tocar tu piel
y también
cómo disimulás todo lo que sabés
y cómo yo simulo que no lo sé.
Y que te pido perdón
porque se que te incomoda
que te diga lo mucho que me gustás
y todo lo bien que me lo hacés pasar.
Pero resulta que me parece injusto
guardarme sólo para mí
y no hacerte saber
las razones de tu lindura
y sus consecuencias en mí.
viernes, 22 de julio de 2016
sábado, 9 de julio de 2016
El amor, a veces, es como un mandala.
La primera vez que lo ves pensás que puede estar bueno
y arrancás sin pensarlo dos veces.
Pero llegando a la mitad te cansás
o te arrepentís
y pensás que nunca tendrías que haberlo empezado.
Pero seguís
porque dejarlo a la mitad no te deja dormir en paz,
y empezás a repetir colores
porque ya ni tenés ganas de buscar otros.
Con suerte lo terminás
y si te gusta como quedó
lo ponés en un cuadrito
lo colgás en la pared de tu habitación
y te queda un lindo recuerdo.
(Y cuando no, lo hacés un bollito, lo tirás a la basura y te olvidás que existió)
La primera vez que lo ves pensás que puede estar bueno
y arrancás sin pensarlo dos veces.
Pero llegando a la mitad te cansás
o te arrepentís
y pensás que nunca tendrías que haberlo empezado.
Pero seguís
porque dejarlo a la mitad no te deja dormir en paz,
y empezás a repetir colores
porque ya ni tenés ganas de buscar otros.
Con suerte lo terminás
y si te gusta como quedó
lo ponés en un cuadrito
lo colgás en la pared de tu habitación
y te queda un lindo recuerdo.
(Y cuando no, lo hacés un bollito, lo tirás a la basura y te olvidás que existió)
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)