viernes, 2 de agosto de 2013

Emprendió el viaje sin mirar atrás. Sabía que detrás de cada paso que daba una parte suya quedaba allí para siempre; eso que alguna vez había sido y quería transformar.

No estaba segura de cual era su destino y tampoco se esforzaba en averiguarlo. 

El viaje, suponía, no iba a ser fácil. Intuía que más de una vez iba a tener que luchar contra muchos fantasmas que tratarían de persuadirla. -Estabas bien allá ¿por qué te fuiste?- le susurrarían maliciosamente al oído una y otra vez. 
Pero ella estaba convencida. Había llegado el momento de emprender su propio camino.

No andaba sola. La acompañaban en cuerpo y alma, todas las personas que habían significado algo en su vida; todas aquellas miradas, abrazos y sonrisas que la habían ayudado a crecer.
Pero el sendero -su sendero- debían escribirlo sus sueños. Y nadie podía cambiar eso. No podía permitirlo más.

Había llegado el momento de aprender a volar.

jueves, 25 de julio de 2013

Se suponía que juntos
íbamos a vencer nuestros fantasmas. 
Se suponía que juntos
íbamos a huir de las sombras.

Se suponía que no íbamos a abandonarnos.

Pero vos me abandonaste a mí, 
yo te abandoné a vos 
y me abandoné a mí también. 

¿Qué querías demostrar?
¿Que eras más fuerte que yo? 
No era necesario que te fueras; 
ambos sabíamos quien era el débil en esa relación.

Pero te fuiste, a buscarte, a encontrarte, a revivir.

¿Y yo? ¿Quién me va a buscar ahora?
¿Quién me va a encontrar después?
¿A dónde se fue lo que era?
¿Dónde quedó todo eso que crecía? 

No me juzgues. No me pienses egoísta. 

Yo quería fundirme en vos. 
Para ser algo superior. 

Pero te fuiste
y me dejaste la mitad vacía. 

Y ahora divago a medias,
sueño a veces
canto casi nunca.


Alegra saber que al menos vos estás bien.

martes, 16 de julio de 2013

Desnudo mi orgullo intentando encontrarte una vez más. 
El silencio que reina en la noche oscura que me rodea 
se quiebra con los quejidos que no logro acallar.
Las lágrimas salen de mis ojos como ríos profundos,
tratando de lavar con su caudal toda la tristeza 
que habita en mí. 

Ojalá no doliera tanto. 


martes, 9 de julio de 2013

Hace exactamente dos años que te conocí. Yo estaba preparando un viaje al norte y vos estabas anhelando poder partir a tu lugar sagrado. Yo andaba buscándome, vos -creo- encontrándote. Yo te preguntaba cosas banales y superficiales, te contaba anécdotas de mi vida que seguro no te importaban y hablara rápido mientras gesticulaba con las manos, como siempre. Y vos me respondías, tierna, dulce y pausadamente, como siempre. Me sonreías y me dabas charla, juntos evitábamos los silencios incómodos. 
Hace exactamente dos años que te conocí. Y hoy, imagino cómo sería todo si aun estuvieras acá. Supongo que reviviríamos ese primer encuentro (otra vez). Hablaríamos de los aros que usabas y la ropa que vestías. Nos sorprenderíamos nuevamente de cuan simpática resulté ser, teniendo en cuenta que luego descubrimos que no es una de mis cualidades. Volveríamos a reírnos de lo que fuimos; de lo que charlábamos, de lo que pensábamos. Nos volveríamos a maravillar de las vueltas de la vida, y de cómo se fue dando todo, tan perfectamente imperfecto. 
Hace exactamente dos años que te conocí y todavía me acuerdo como si hubiera sido ayer. Me acuerdo de tu sonrisa hermosa y me agarra un no se qué en la boca del estómago, un nudo en al garganta y mi pecho se cierra; se apretuja contra mi corazón para que no le duela tanto. Recuerdo especialmente como me saludaste cuando te fuiste: te acercaste, me diste un beso cordial, me sonreíste y me frotaste la espalda con una mano. Un gesto sincero que te vi repetir con la mayoría de quienes se cruzaban en tu camino.
Hace exactamente dos años que te conocí y aun no puedo creer que ya no estés acá. Fuiste todo lo que buscaba. Y más. 
Hace exactamente dos años que te conocí y hoy, aunque la historia deba contarse en pasado, uso el presente para decir que te extraño. 

Ese día hacía frío pero no importaba. 
Hoy hace frío también. Y duele.

jueves, 4 de julio de 2013

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Sueños silenciosos,
silban secretos
susurran siluetas
siembran utopías.

miércoles, 5 de junio de 2013

Enfermamos de palabras. Cuando escuchamos algunas que no nos gustan o se nos escapan otras que preferíamos no decir. O cuando en nuestras gargantas se nos atasca todo eso que no nos animamos a gritar. Algunas veces lloramos oraciones enteras si no nos alcanza la voz para desagotar el veneno que nos corre por dentro. Otras tantas nos decepcionamos cuando leemos palabras que no dicen la verdad; las que sólo disfrazan las mentiras de quienes gustan de jugar con nuestros miedos. De vez en cuando deliramos incoherencias y murmuramos poesías sin rima cuando no podemos fingir más y frecuentemente pretendemos engañar al silencio, callamos nuestra voz y olvidamos que lo no-dicho también quema (y cuanto). Nos duelen las palabras-mentiras, las injustas palabras, las que no tienen corazón. Nos embrocamos cuando encontramos palabras vacías, frases sin vida, historias que no son, verdades a medias. Y sufrimos cuando las palabras nos ahuecan el pecho, penetran nuestra piel y se quedan a vivir en lo profundo de nuestras almas, justo ahí donde más duele.
Pero también sanamos de palabras. Con las que nos llegan escritas, las que se nos murmuran al oído, las que oímos como poesías o las que se transforman en gritos. Y también con esas que no necesitan ni de la voz ni del papel ni de las rimas. Todas aparecen en el momento exacto y se quedan para siempre. Nos alivian un poco la mochila que llevamos encima, nos hacen sentir acompañados. Esas que tienen un lugar especial en nuestra memoria -justo al lado de los rostros de quienes las dijeron- y están dispuestas a emerger cuando ya empezamos a abandonar(nos). Las que nos invitan a seguir luchando.
Cada oración que decimos y cada frase que preferimos callar quedan para siempre guardadas en los cofres de nuestra memoria. Y en nosotros la elección: o transitamos la vida cargando con la bronca de lo que no fue, con la angustia por lo que pasó y con el rencor de lo que no debió haber sido, o aceptamos sumergimos en un océano de palabras transformadoras y revolucionarias, esas que nacen desde lo más profundo de nuestro ser y viajan, perduran y se multiplican en las voces, en las poesías, en los abrazos. Las que derriban barreras, muros, mentiras y dolores. Las que inventan juegos y risas, caricias y besos, poesías y canciones. Las que describen mundos nuevos, realidades tangibles y sueños posibles. Esos sueños por los que aun luchamos.



domingo, 2 de junio de 2013

¿Cuántas veces se le puede romper el corazón a una?
¿Una? ¿Dos? ¿Quinientas?
Aun espero que el último pedazo deje de sangrar.